17/11/09

Nanas de la cebolla

Ayer me pasé toda la noche en vela por un puto ataque de tos, con la garganta tan inflamada que creía que me ahogaba. Desesperada, me puse a buscar trucos caseros en el Google, y varias respetables matronas afirmaban que si agarras una cebolla, la haces cachitos y la pones en tu mesilla de noche, la tos remitirá y tendrás felices y dulces sueños. Estaba tan desquiciada que lo hice, joder, me puse a cortar cebolla a las 4:35 de la mañana. Misteriosamente, el truco funciona: la tos remitió, siendo sustituida por fuertes arcadas y mareos producidos por la atmósfera insalubre y apestosa de mi habitación.

A la mañana siguiente he agarrado la cebolla y, en un ataque de lucidez, la he tirado por la ventana sin contemplaciones: porque a veces no basta con tirar las cosas que odias a la basura, no... tienes que sentirlas VOLANDO lejos de ti. Espero que los vecinos no me vengan a pedir explicaciones por mi vandalismo gratuito, porque tendría que contarles lo de las señoras del Google, y todo se complicaría muchísimo.

Y esto, queridos lectores, es lo más apasionante que me ha ocurrido en el día 16 de noviembre, año 2009 del nuestro Señor.


Posdata: Acabo de volver de Urgencias. Diagnóstico: Faringo-amigdalitis aguda. Cinco días de reposo domiciliario. El medicamento que me han recetado sabe a purgante, tiene pinta de agua estancada, y en el prospecto pone que puede provocar somnolencia y falta de sueño (a la vez, dios que agobio), temblores, naúseas, dificultad para respirar, alucinaciones, convulsiones y sequedad de boca. 

Pero por lo menos no apesta.

2 comentarios:

  1. Que caña, tu médico te receta LSD. Así están las colas de urgencias como están, fijo que se ha corrido la voz XD

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  2. Mi médico me receta Vincigrip Forte (sabor cacao), que es mejor que el LSD. Y más barato.

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