15/6/10

Miguel Ángel se quiere suicidar


A Miguel Ángel Buonarroti, el escultor más celebrado de la Historia del Arte, le putearon durante todos los días de su vida. Quién podría sospechar que detrás del triunfante “David” se escondiera un hombre frustrado, explotado, empobrecido, financieramente estafado por sus comitentes y maltratado por papas y obispos. Miguel Ángel siempre tuvo una personalidad arisca: sufría fuertes arrebatos de ira y era propenso a la depresión. Durante los años de la licenciatura, me gustaba imaginármelo paseando por las calles de Roma, una figura sombría flanqueada a un lado por la luminosa silueta del joven Rafael , y al otro por la inconfundible estampa de científico loco del viejo Da Vinci. Supuse que su vida habría sido dura y poco gratificante… lo que no imaginaba es hasta qué punto lo fue.

Hace algunas semanas, preparando una charla sobre el Cinquecentto (arte italiano del sg. XVI, es decir, renacimiento puro y duro), me encontré por casualidad con una carta del propio Miguel Ángel. Está fechada durante la segunda mitad del 1500, por lo que concluyo que el artista la escribió siendo ya un hombre viejo. Voy a copiaros un fragmento porque quiero que veáis cuál fue el triste final de un hombre que se codeó con nobles y papas, que saboreó la gloria más absoluta, que fue blanco de las críticas más feroces, que se midió con los hombres más influyentes de aquel peligroso tablero de ajedrez que era la Italia del XVI, y que se irguió con el título de "Maestro" en una época donde no escaseaban precisamente los artistas consagrados. Un hombre que para mí, representa el 20% de los apuntes de cinco años, pero que para la gran mayoría es sólo un nombre asociado a las guías turísticas de Florencia y Roma, junto con los hoteles más asequibles y los horarios de los museos. Estos son los abismos de Miguel Ángel Buonarroti. Pensad en ellos la próxima vez que veáis imágenes de la Capilla Sixtina. 

[…] “No soy más que una bolsa de piel, repleta de huesos y nervios, mi rostro es la imagen del horror … las tan alabadas Artes, de las que yo tanto supe, me han arrastrado hasta aquí… soy como el tuétano en su funda, encerrado, pobre, solitario… mi vivienda, que más parece una tumba, me impide remontar el vuelo… La gente deja heces delante de mi puerta, he aprendido a distinguir el olor de los tipos de orinas en el canalillo, la pestilencia de los locos que vagan de noche de aquí para allá… Mi amiga es la melancolía, mi reposo el tormento. Yo sería bueno para la figura del bufón, viviendo en esta cabaña y rodeado de los palacios por los que antes transité. Estoy consumido, desgarrado, roto por tanto esfuerzo… Pobre, viejo, sometido a todos. ¡Me desharé si no muero pronto!”.

Por esas casualidades que rigen la historia, tenemos un autorretrato de Miguel Ángel, poco antes de que acabara con sus huesos en esa miserable chabola; un autorretrato que se encuentra oculto en un lugar de lo más insospechado: entre la barahúnda de cuerpos que abarrotan el hastial de la Capilla Sixtina. Vamos a ubicarnos: es el Fin de los Tiempos, el Armageddon, el Apocalipsis, el día del Juicio Final. A un gesto implacable de Cristo, el universo comienza a girar vertiginosamente a su alrededor: algunas figuras (las que menos) suben al cielo, mientras que el resto de la humanidad se precipita a los Infiernos. Entre las figuras que rodean al vengativo Hijo de Dios, destaca un hombre desnudo, corpulento como un toro: es San Bartolomé, el mártir que fue desollado vivo para mayor gloria del Cristianismo. De su puño poderoso pende un fláccido pellejo: y es en los rasgos (hábilmente deformados) de esos restos humanos donde podemos distinguir sin lugar a dudas la cara vieja y ajada de Miguel Ángel. No os fieis de mi palabra, comprobadlo vosotros mismos: el mismo rictus amargo en la boca, el mismo cabello, la misma nariz prominente y los mismos ojos cansados, resignados, hundidos en sus cuencas. Efectivamente, tal y como expresa en su carta, Miguel Ángel “no es más que una bolsa de piel, repleta de nervios y huesos, y su rostro es la imagen del horror”. 


¿Pero quién ha sido capaz de “despellejar” a Miguel Ángel de esa manera tan brutal? La respuesta está en el rostro de San Bartolomé: una cara que siempre me ha llamado la atención por su expresión amenazante, cruel, y por la violencia soterrada y a duras penas contenida con la que empuña el cuchillo de su martirio. Parece que quiere degollara a la humanidad entera, y se gira hacia Cristo con una mirada que clama: “¡Culpables! ¡Déjamelos a mí, que yo me encargo!”. Es una figura maligna y odiosa. Y no sólo eso, sino que además es el retrato de uno de los personajes más polémicos de la Italia del siglo XVI: Pietro Arentino, poeta, escritor, dramaturgo, y férreo enemigo de Miguel Ángel Buonarroti.


A Pietro, que se las daba de crítico de arte, no le gustaba la Capilla Sixtina, y muchísimo menos el Juicio Final. Interrumpía el trabajo del pintor con interminables quejas sobre lo indecorosa que era su composición, cuajada de figuras retorcidas y desnudos escandalosos. Miguel Ángel le indicó educadamente dónde podía meterse su opinión, y Arentino, que tenía un carácter tan iracundo como el de Miguel Ángel o más, contestó con todas las armas de su influencia, que eran muchas: le acusó de herejía, de ser un sodomita, de faltar al respeto a las Sagradas Escrituras, y quién sabe de cuantas cosas más. En una palabra, le hundió. La Inquisición, que llevaba mucho tiempo intentado hincarle el diente a Miguel Ángel, se frotaba las patitas… y aunque el artista consiguió finalmente librarse de la hoguera, el daño ya estaba hecho: la reputación de Miguel Ángel cayó en picado, los rumores subieron a las altas esferas, muchas figuras del Juicio Final tuvieron que ser repintadas con ridículos paños de pureza (al pintor que lo hizo le apodaron “Il Braghetonne”, es decir, “El Pintabragas” ) , y Miguel Ángel acabó su días en el arroyo, rodeado de locos y de mendigos, más pobre que las ratas. Irónicamente, una vez muerto de asco y soledad, el gran artista fue homenajeado con un fastuoso entierro en la Iglesia de Santa Croce de Florencia, al que asistió la flor y nata de la sociedad italiana. En fin. Podrían llenarse muchos folios con las miserias y mezquindades que sufrió Miguel Ángel en vida, pero creo que por hoy es suficiente. Fin del cuento. Espero que les haya gustado.

9 comentarios:

  1. ¡¡¡Qué grande entrada, enhorabuena!!! No puedo reprimir las ganas de leer una biografía del personaje...¿alguna sugerencia? Sigue con ello, que me está molando mucho.
    Por cierto, no te he dicho nada por el FCB, pero siento lo de tu canina amiga. Un besillo.

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  2. Muy bueno, sabía que lo había pasado mal, pero la carta me ha dejado de piedra, aparte de la mala leche que me ha entrado.

    ¡¡Buen trabajo!!

    Salud

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  3. A mí me ha encantado :D

    Por un lado me da pena su final, triste y sólo; por otro, me alegra que haya gente que no se pliegue a los caprichos de los mandatarios.

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  4. Estábamos dando un paseo y descubrimos tu blog. Después de un minucioso estudio, STULTIFER te otorga el prestigioso galardón al MEJOR BLOG DEL DÍA correspondiente al viernes 18 de junio de 2010 en No sin mi cámara por los contenidos y matices. Visitanos y comenta con nosotros. Saludos cordiales.
    Vamos, que nos ha gustado mucho y hemos querido acercarnos a ti.
    Puedes colgar el Premio voluntariamente en tu blog.
    Ya formas parte de la Orden del Stultifer de Oro.
    Y si tienes una escalera, mándanosla a edusiete@gmail.com y la publicamos inventándonos una historia.

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  5. Me ha impresionado descubrir, gracias a tu entrada, cómo se sentía probablemente Miguel Angel en el momento en que pintó su imagen deformada en la Capilla Sixtina, y además impresiona su contraste con lo demás. No solo se ve cayendo al abismo, sino que lo hace ya totalmente consumido. Y en parte lo entiendo. Para la época, el hombre era bastante mayor, y los artistas, aunque fueran de éxito, solían tener problemas económicos al final de sus vidas, aunque no sé si era éste su caso. De cualquier forma, seguro que a cierta edad comenzó un declive físico, intelectual y artístico, y seguramente eso le hiciese sentirse así.

    En épocas tristes, ociosas, y de declive, es fácil echar la vista atrás y sentir de golpe el cansancio acumulado de todas las batallas que has librado, con la terrible duda de que sirvieran para algo.

    En fin, la vida.

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  6. Me gusta porque cuenta cosas que no sabía y que me gusta mucho poder saber.

    A veces puede que uno tienda a pensar que los famosos tienen una vida de la hostia por eso, por ser famosos. De ahí que exista ahora una clase de gente cuyo objetivo en la vida es ser concursante de GH.

    Sin embargo los mayores genios tocaron antes o después la mierda, sino paso esta a ser la circunstancia más importante de su vida.

    En fin, si tienes a bien pasar a criticar mi sitio, estaré encantado

    Un saludo,



    http://papelesdeyesca.blogspot.com

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  7. ¡Gracias a todos! Me alegro que os haya gustado: una de las labores más divertidas del historiador del arte es hacer ver a la gente que el arte es algo vivo, y no simplemente "cosas que están cogiendo polvo en los museos",o "cosas que hay que ver cuando viajas" jejeje.

    -Kaesar: Pueee...¡no te sabría decir! Los que yo he leído en la carrera son bastante densos, pero puedes probar con "Miguel Ángel: una vida inquieta" de Antonio Forcellino. Tiene pinta de ser más anecdótico :)

    -Talban: el desgraciao de Miguel ángel se pasó la vida plegándose ante los poderosos. A patadas, eso si XD

    -Stultifer: ¡Me llena de orgullo y satisfacción!Estaremos en contashto.

    -Uthred: Has clavado la idea "echar la vista atrás y sentir de golpe el cansancio acumulado de todas las batallas que has librado, con la terrible duda de que sirvieran para algo". Bingo.

    -Fer: la fama es traicionera, jejeje, tanto que muchas veces solo llega cuando te mueres :)Por cierto, me gusta tu blog, es muy fresquito y entretenido, con tu permiso te enlazo en mi lista de "Disidentes" ;)

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  8. Bueno, teniendo en cuenta que la alternativa eran el potro, las empulgueras y la hoguera, puedo entender y aceptar que tras un adecuado refunfuño se plegase XD Seguro que les hacía cortes de mangas cuando se giraban :P

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Dale sin miedo :)