Sangre y sacrificio: la verdadera historia de "La Sirenita" (Parte II)
El lujo y el esplendor del salón de baile eran tales que jamás se habían visto en la tierra. Las paredes y el techo eran de cristal grueso y transparente. Centenares de gigantescas conchas se alineaban junto a las paredes y desprendían llamas azules que iluminaban el interior del salón y todo el mar. Innumerables peces de todos los tamaños se acercaban a las paredes de cristal: unos eran púrpuras, otros plateados, otros dorados. En medio del salón danzaban con grácil ligereza sirenas y tritones al melodioso son del canto de las princesitas: voces tan bellas jamás se habían oído entre los mortales. Y la voz de la más pequeña era la más hermosa bajo las aguas y sobre la faz de la tierra. Sin embargo, ella solo podía pensar en aquel a quien amaba más que a su padre y a su madre, aquel que navegaba sobre el palacio de cristal en un magnífico barco y que no sospechaba siquiera de la existencia de las sirenas. En un arrebato, la sirenita abandonó el baile y fue a buscar a la Bruja ...