23/11/11

Haciendo el indio: la falsa carta del Gran Jefe Seattle

Hay varias cosas impepinables en el mundo de la decoración y interiorismo: posters de Kerrang en los antros heavys, carteles de cine añejo en los garitos de Malasaña, y murales con la "Carta del Jefe Seattle" en los herbolarios, centros esotéricos y otros establecimientos más o menos místicos. Este último producto infernal se vende a patadas en el Rastro, y el modelo es siempre el mismo: cara de indio dibujada contra un atardecer fosforito, acompañado de alguna frase del tipo “Sólo cuando se haya cortado el último árbol, contaminado el último río, pescado el último pez, sólo entonces verás que el dinero no se puede comer”. Ya saben: viejos pieles roja de gesto estreñido que miran al horizonte, perdidos en dios sabe qué grandezas espirituales, y tocados con la ineludible corona de plumas. No hay nada más falso ni más edulcorado que un indio reinventado por el neo-ecologismo del siglo XX. Este poster haría vomitar en bloque a tribus enteras de atakapas, choulas, lakotas y algonquinos. 
La caspa

Uno de esos pobres indios plastificados me observa desde la pared de cierto herbolario de Pozuelo. Parece terriblemente deprimido de encontrarse ahí. Mientras lo contemplo con el ceño fruncido, la gurú que regenta la tienda se acerca a mí y me susurra con ternura reverente: “Es el Gran Jefe Seattle”. “Ah que bien”, contesto yo en el colmo de la falsedad. No quiero envenenar un ambiente tan místico y fluorescente con la mala ostia de mis chakras bilbaínos, así que la pava se aleja solemnemente, como si acabara de desvelarme un misterio cósmico, y yo pienso para mi coleto: “Esta mierda gorda que tienes colgada en  la pared no sólo es fea, sino que además es una falacia, y una terrible falta de respeto a la cultura indígena norteamericana. Si el viejo piel roja viera esto se pondría fumando en pipa, y no precisamente de la paz. Porque para empezar, éste hombre no es (pero ni de casualidad) el Gran Jefe Seattle. Y te voy a explicar por qué, mística de tres al cuarto: Seattle se caracterizaba por ser un pacifista militante. De su boca salieron frases lapidarias como ésta: “Cuando nuestros jóvenes se enfurecen y desfiguran sus rostros con pinturas negras, quiere decir que sus corazones son negros también”… ¿y sabes lo que significa la corona de plumas con la que siempre se dibuja al pobre Seattle? Significa GUERRA: el terrible tocado ceremonial de los sioux-lakota, una de las tribus más belicosas jamás salida del culo de Manitou. Decir que este hombre emplumado es Seattle es como poner una foto de Steven Seagal y afirmar que es Gandhi.”


Prueba de agudeza visual nº 1

Pero claro, a día de hoy… ¿qué es un indio sin tocado de plumas? Queda muy soso, como un negro sin lanza, un inglés sin monóculo o un español sin patillas de bandolero. Parece que somos incapaces de reconocer a un piel roja si no lleva el pack de complementos Playmobil: tocados de plumas, tomahauks, appalosas, búfalos de cartón-piedra bajo atardeceres cutres en tonos pastel…. ¿Os acordáis de cuando salieron en el periódico las fotos de aquellos piratas somalíes? En ese momento, una parte de nuestro cerebro susurró: “Bah, eso no son piratas de verdad, porque no tienen ni loro ni parche ni pata de palo. Ni siquiera tienen aretes en las orejas. No son más que un montón de negros desharrapados armados con kalashnikovs”. Ni que decir tiene, por supuesto, que Jack Sparrow mola mil veces más. Tú le das un lápiz de kohl a uno de esos somalíes y se lo come, o te lo hace comer.  Pues eso, que le pongas plumas al indio, y así dejamos las cosas claras y nadie se lía…. ¡Qué imbecilidad!


Prueba de agudeza visual nº 2


Pero lo que de verdad me cabrea, lo que hace que me gotee el colmillo, es el texto que suele acompañar tan flamante poster: la celebérrima "Carta del Gran Jefe Seattle". Ese enternecedor discurso comienza diciendo El Gran Jefe Blanco de Washington nos envió un mensaje diciendo que quiere comprar nuestras tierras...” y continúa así durante más de 2000 palabras, desgranando temas tan anacrónicos a la época y al contexto de Seattle (1780- 1866) como la extinción de las especies, la contaminación industrial o la conciencia ecológica. Cualquier persona con conocimientos de cultura indígena norteamericana puede detectar, al leer esta carta, extrañas notas discordantes que no corresponden ni con la ideología ni con el contexto histórico. ¿Y por qué? La respuesta es simple: porque (sorpresa) esta carta NO la escribió el Gran Jefe Seattle a mediados del siglo XIX, sino un guionista norteamericano llamado Ted Perry a finales del XX. Aquí la tenemos, en todo su esplendor:




Vamos a hacer un ejercicio de análisis histórico, veréis que divertido y que edificante resulta. El siguiente fragmento pertenece a esta supuesta “Carta del Gran Jefe Seattle”, la que siempre vemos rulando por Internet:

“Soy un hombre salvaje y no comprendo ninguna otra forma de actuar. Vi un millar de búfalos pudriéndose en la planicie, abandonados por el hombre blanco que los abatió desde un tren al pasar. Yo soy un hombre salvaje y no comprendo cómo es que el caballo humeante de hierro puede ser más importante que el búfalo, que nosotros sacrificamos solamente para sobrevivir.”

Bien, pues esto es lo que piensa un historiador:

“Vi un millar de búfalos pudriéndose en la planicie (...) al cual nosotros sacrificamos solamente para sobrevivir. Seattle era jefe de la tribu de los duwamish y de los squamish. Ambas etnias vivían en el extremo norte de la costa Oeste de los Estados Unidos, una zona conocida como la Sonda de Puget. Se trata de un territorio pesquero, donde las tribus se dedicaban a la recogida de la almeja y otros crustáceos. Con toda probabilidad, Seattle y su gente no habrían visto un búfalo en su puñetera vida, ya que éstos sólo habitan en las llanuras centrales americanas, que abarcan desde México a Canadá. Hablar de los búfalos de Sonda de Puget es como hablar de los célebres osos polares de Jerez de la Frontera. Supongo que la frase “Vi un millar de almejas pudriéndose en la planicie…”, queda bastante menos épica, así que Ted Perry las sustituyó sin pudor por un animal más digno, que además diera el pego en los pósters. Total, son indios, ¿no? Los indios van con los búfalos y con las águilas, no con las jodidas almejas. Pues ya está.

“(...) abandonados por el hombre blanco que los abatió desde un tren al pasar (…)” Seattle nació alrededor de 1780 y murió en 1866. En esas fechas ni siquiera estaba puesta la primera vía ferroviaria en el norte de la Costa Este, mucho menos iba a pasar un tren lleno de energúmenos con rifles…

Y así, sucesivamente… 

Con esto no quiero decir, ni mucho menos, que el búfalo no fuera un animal en peligro de extinción. Es una realidad histórica que la caza masiva promovida por los colonos fue letal para la especie, que no empezó a recuperarse hasta principios del siglo XX. Simplemente digo que el jefe Seattle no pudo haberlo visto: ni la mengua del bisonte (por motivos geográficos) ni al “humeante caballo de hierro” (por motivos cronológicos).
The Buffalo Hunt [No 26], 1899, Charles Rusell. Amon Carter Museum, Fort Worth.

Pero las falsedades más dolorosas, las más dañinas, no son esos curiosos datos históricos, sino la manipulación que Parry hizo con lo intangible: con la religión y la espiritualidad de las tribus. La estúpida moralina norteamericana tiene meter su cuchara en todas las sopas .… Leed, por favor, la descafeinada pedorrez de Ted Perry, y luego comparadla con las palabras originales del gran Jefe Seattle:

De una cosa estamos seguros, una cosa que el hombre blanco llegará a descubrir algún día: nuestro Dios es el mismo Dios. Ustedes podrán pensar que lo poseen, como desean poseer nuestra tierra; pero no es posible, Él es el Dios del hombre, y su compasión es igual para el hombre piel roja como para el hombre piel blanca.

Ted Parry

Ohhhh, que bonito, voy a llorar. God bless América, y todas esas cosas. Pero lo que verdaderamente dijo Seattle es lo siguiente:

“¡Vuestro Dios no es nuestro Dios! Vuestro Dios ama a vuestra gente y odia a la nuestra. Él arropa con su fuerte brazo al hombre blanco y le lleva de la mano como un padre lleva a su hijo pequeño. El Dios del hombre blanco no nos ama, porque si nos amase nos protegería. ¿Cómo podemos entonces ser hermanos? (…) Si acaso tuviéramos algún Padre Celestial común, Él debe ser parcial, porque acudió sólo a sus hijos blancos…. nosotros nunca le vimos. Él os dio leyes, pero no tuvo palabras para sus hijos rojos, cuyas inmensas multitudes cubrieron en su día este vasto continente, igual que las estrellas cubren el firmamento. No; somos dos razas diferentes, con orígenes distintos y distintos destinos. Hay muy poco en común entre nosotros.”

Seattle

Toma ya, la primera en la frente. Es vergonzoso poner palabras falsas y edulcoradas por la triste moralina occidental en boca de un hombre tan lúcido y tan íntegro como este indio. Shame on you, Ted Perry. 

ECO-IDIOTAS

En fin, una vez expuestas las líneas generales de asunto, ha llegado la hora de profundizar un poco en el tema. Porque las cosas nunca son ni tan blancas ni tan negras… 

La realidad es que Ted Perry no era tan mal tío ni tan farsante como parece. Él sólo hacía su trabajo, que era escribir guiones. La culpa de que este texto haya pasado como verídico no es del todo suya, sino de la exposiva mezcla entre manipulación e inocencia que continúa en  nuestros días.

Eran mediados de los años 70, y al joven Perry le habían encargado el guión de un reportaje sobre la contaminación del planeta titulado “Home” (Hogar). Estamos en los albores del movimiento ecológico, la concienciación social empezaba a dar sus pequeños pasitos, y Perry decide escribir un texto conmovedor que remueva las nuevas conciencias y que cierre con broche de oro su documental. Hoy en día, ese texto lo conocemos con el nombre de  "Carta del jefe Seattle", y no para de dar vueltas en Internet como anécdota histórica real.  ¿Y de dónde ha salido pues? Os cuento...

Cuando era más joven, Perry tuvo la suerte de asistir a una conferencia sobre la explotación de los recursos naturales que le dejó marcado. El ponente fue un tal William Arrowsmith, académico de la Universidad de Texas, el cual se había basado (muuuy lejanamente) en las opiniones del gran Jefe Seattle, recogidas en 1854 por un colono traductor llamado A. Smith. Así que Perry cogió el texto de Arrowsmith, lo aliñó con los ingredientes propios de la nueva mentalidad ecologista, y creó de su puño y letra la célebre “Carta del Gran Jefe Seattle” que ahora todos reverenciamos como sumun de la sabiduría indígena norteamericana. Pero no por ello es un farsante, ojo. En ningún momento quiso hacer pasar su obra como un texto real: “No comprobé la exactitud histórica de lo que escribí. Pocos guionistas lo hacen. Lo que planteé fue trasladar al jefe Seattle al mundo moderno e imaginarme lo que diría”.  La culpa, entonces, no es sólo de Ted Perry, sino también de los que lo propagan como texto histórico: desde los maestros del márketing hasta los ecologistas de buena voluntad. Digamos que es una cadena de responsabilidades.

Ted Perry. Qué bajona, ¿eh?

Y es que tenemos que ser conscientes de algo muy importante: que son indios, joder, no figuras mitológicas y soñadas. Fueron centenares de tribus, asentadas durante siglos a lo largo y ancho del continente norteamericano, de la misma manera que los celtas lo hicieron por Europa. Merecen respeto y dignidad propias, no convertirse en fetiches neo-ecologistas de nuestra propia cultura.


EL TEXTO ORIGINAL

La versión más cercana al discurso original es, como hemos citado anteriormente, obra de un testigo ocular llamado A. Smith. Y tampoco es muy fiable, que digamos. Para empezar, Seattle habló en dialecto lushootseed, que tiene pinta de ser un idioma bastante infernal. El pobre Smith dijo que no había problema, que él dominaba aquella lengua (*ehem-ehem* fijo que no).  Finalmente, alguien tradujo el discurso del lushootseed a la jerga chinook, y más tarde de la jerga chinook al inglés… podéis imaginaros la fidelidad del texto. Es como jugar al teléfono estropeado, nivel extremo.
El bueno de Smith

Sin embargo, y aunque no refleje con exactitud qué es lo que se dijo aquel día de 1854, el texto de Smith es por lo menos honrado: no se inventa ideas, ni adapta las palabras del indio a su propia mentalidad occidental, sino que traduce como puede lo que oyó de boca del mismo Seattle, un hombre de extraordinaria retórica. El siguiente mensaje es real, tan dolorosamente real como las viejas tribus. Esta carta nos muestra a un pueblo lúcido, resignado, consciente de que su forma de vida está en el filo de la navaja. No habla de la extinción del águila, del bisonte ni del caribú: habla de su propia extinción. Cedo la palabra al Gran Jefe Seattle. El de verdad.

El cielo lejano, que lleva siglos llorando lágrimas de compasión sobre mi pueblo, y que a nuestros ojos parece eterno e inmutable, puede cambiar. Hoy está despejado. Mañana podría aparecer cubierto de nubes. Mis palabras son como las estrellas que nunca cambian. Cualquier cosa que Seattle diga, el gran jefe de Washington puede confiar en ella con la misma certeza con la que confía en el retorno del sol o de las estaciones. El jefe blanco dice que el Gran Jefe de Washington nos manda muestras de amistad y buenos deseos. Esto es amable por su parte, ya que somos conscientes de que poca necesidad tiene de nuestra amistad. Su gente es numerosa, son como la hierba que cubre las vastas praderas. Mi gente es escasa, parecen árboles dispersos en una llanura barrida por el viento [...]


http://eltrastero-ley.blogspot.com/2011/11/la-noche-del-indio.html
Traducción propia 



http://en.wikipedia.org/wiki/Chief_Seattle
http://charlatanes.blogspot.com/
http://www.halcyon.com/arborhts/chiefsea.html