7/5/12

La princesa Subh: historia de una vasca en el trono de Al-ándalus

Hoy os voy a contar la historia de una tía con veinte pares de cojones. El hecho de que lleve muerta desde la Alta Edad Media no le resta ni un ápice de cojonudez: se llamaba Subh um-Walad, nació en el año 912 d.C en las montañas norteñas, y antes de adquirir tan sultánico nombre era conocida simplemente como Aurora la vascona. Mi historia (o mejor dicho, la Historia) nos cuenta cómo la chavala consiguió sentarse en el trono más alto y deslumbrante del siglo X: el trono de Al Ándalus.

Cúpulas de Al Hakam II. Mihrab de la Mezquita de Córdoba (961-976 d.C)
Cuentan las crónicas que el bueno de Abû al-Mustansir al-Hakam ibn `Abd ar-Rahman, (más conocido como Califa Al-Hakam II) no era precisamente un tigre en la cama, y que ninguna mujer había sido capaz de darle un heredero varón. Lo cual no supondría mayor problema si no fuera porque Al-Hakam era Califa y Príncipe de los Creyentes desde Córdoba a Damasco… cuando tu herencia consiste en el reino más potente de la europea altomedieval, uno no puede ni debe bromear con las cosas de la descendencia. El hecho de que no haya un culo legítimo listo para sentarse sobre el trono de los Omeya significa que, de un momento a otro, los nobles pueden empezar a revolverse y a pensar si su propio culo no sería el más adecuado para el puesto. Un reino medieval sin heredero sólo puede tener una banda sonora: la de las cimitarras desenvainándose, ssswisssshh, y por Dios que ese sonido ponía (y pone) los pelos como escarpias. Para más inri, Al-Hakam tenía más mujeres que turbantes: blancas, negras, tostadas, de cabelleras lisas como el agua o rizadas como el lomo de un cabrito, uno de esos harenes que llevan aguijoneando la imaginación occidental desde hace más de diez siglos. Bueno, pues ninguna de aquellas espléndidas hembras fue capaz de darle un hijo, ninguna. Viendo que Al-Hakam se hacía viejo y no había ni rastro del futuro califa-bebé, los nobles empezaron a ponerse nerviosos y a pegarse codazos disimuladamente. Mala cosa: si algo nos ha enseñado la Historia, es que cuando los nobles empiezan con los codacitos, se avecinan tiempos interesantes. Y sangrientos. 

"La batalla de Giaour y Hassan" (det.) Eugene Delacroix 1835
Pues así estaba el patio en Córdoba cuando Aurora llego a la corte. Cómo narices llegó hasta allí, con qué compañía, en qué condiciones, todo eso son datos perdidos en la bruma de la Historia (lo cual significa, poéticamente, que no me apetece ponerme a rebuscar en la biblioteca y me conformo con lo que haya en Internet). Una podría formarse  la romántica idea de una bella a la par que agreste vasquita, con su vestido pastoral y sus (yo que sé) largas trenzas, recién bajada de las montañas y deslumbrada por el fasto de Oriente. Pero no fue así: Aurora, en contra de todos los principios de la lógica medieval, era una mujer extraordinariamente culta e ilustrada. Tan culta y tan ilustrada que consiguió llamar la atención del viejo Al Hakam, como si la muchacha fuera un extraño a la par que exótico producto importado.


Aurora era lista. Sabía que Al-Hakam no estaba para que le dieran zapatilla sexual, así sustituyó las tradicionales armas de mujer por otras armas mucho más interesantes: devoraba libros, escribía poesía, discutía y argumentaba, componía y cantaba, montaba a caballo, manejaba la espada y, siguiendo la moda de las aburridas nobles bagdadíes, se escapaba de palacio disfrazada de hombre. Al sustituir el hiyab por el turbante y la jellaba por la aljuba, la guapa Aurora se transformaba en el eunuco Yafar (si, como el malo de Aladdin) y así ataviada, zascandileaba por las calles de Córdoba sin que nadie la reconociera. Al-Hakam se partía de risa con ella. La Historia es así de peliculera a veces.


El califa estaba subyugado, encantado, seducido por la pequeña Aurora, la cual fue rebautizada con el nombre de “Subh” (una tradución literal de su nombre cristiano). Tanto la quería, que fue la única mujer del harén a la que concedió el título más alto al que puede aspirar una concubina: Sayyida al –kubra, Gran Señora, un privilegio que nadie más compartía en la corte cordobesa. A cambio, ella le ofreció un precioso regalo: un hijo varón, heredero para tan peligrosa herencia. El califa-bebé Hixam II había llegado por fin, y los nobles no tuvieron más remedio que envainar sus cimitarras y esperar una ocasión más propicia.

La Gran Señora había tocado techo: con su rango, inteligencia, maniobrabilidad política y protección califal, estaba más que preparada para entrar en el peligroso juego de las intrigas  cortesanas. Y justo a tiempo: la salud de Al-Hakam decaía, la del heredero Hixam tampoco era para tirar cohetes, y la gente empezaba a hacer cábalas sobre el futuro de la dinastía Omeya. La vasca tenía que mover muy bien sus piezas para conseguir tres objetivos fundamentales: aupar a su hijo al trono, trabajar como regente y conservar la cabeza. Difícil tarea, por Alá.

Bueno, y aquí entra en escena el malo de la película: Al-Mansur o Almanzor, conocido entre los moros como “El Conquistador” y entre los cristianos como “El Martillo de Alá”. Si esto fuera un producto Disney, saldría de un rincón en sombras acompañado por alguna pérfida mascota parlante. Gracias a dios esto no es un producto Disney sino pura Historia: así que Almanzor entra en escena solo, y todos nos alegramos. 

Almanzor
 Almanzor era un apuesto mayordomo palatino: como es bien sabido, nunca hay que fiarse de un mayordomo, mucho menos si trabaja en palacio rodeado de peces gordos. Y si resulta que además es un tipo atractivo y encantador, no hace falta ser un maestro del Cluedo para saber cómo va a acabar la partida. Almanzor comenzó a llenar sus bolsillos con el dinero de las arcas reales y fue acusado de malversación. Sin embargo, siguiendo el viejo estilo mediterráneo, fue capaz de maquillar las cuentas y salir no ya impune, sino beneficiado del proceso. Así, Almanzor recibió una disculpa oficial y obtuvo el mando de la shurta (policía), que se convertiría en uno de sustentáculos más poderosos. Los corruptos de hoy en día tienen taaanto que aprender… están en pañales comparados con este artista.

Como no podía ser de otra manera, a Subh le encantaba Almanzor. Bueno, a Subh y a todas… el viejo Al Hakam solía refunfuñar al respecto: “¿Por qué hábiles manejos se atrae este muchacho a todas mis mujeres y se hace dueño de su corazón? Aunque se vean rodeadas de todo el lujo del mundo, no aprecian más regalos que los que proceden de él, ni gustan de otras cosas de las que él les trae”. Y es que Almanzor era un auténtico latin lover (o mejor dicho, un arabic lover), y Subh una poderosa hembra de bandera. Los historiadores se preguntan si éstos dos acabaron en la cama. Los historiadores a veces son un poco cortos.

Finalmente el viejo y buen califa murió. Y por vez primera en la historia de Al-Ándalus, una mujer (una bárbara vascona, para más inri) tomaba las riendas del poder califal. Representada por Almanzor, en quien la princesa se apoyó para garantizar la regencia de su hijo Hixam cuando alcanzase la mayoría de edad, Aurora se convirtió el corazón de Córdoba y según nos transmite un manuscrito anónimo árabe titulado Dikr bilad al-Andalus, “tenía el control del reino por la minoría de edad de su hijo y los visires no decidían nada sin consultarla ni hacían otra cosa que lo que les ordenaba”.


Subh dominaba el núcleo político, económico y administrativo. Almanzor, el ejército y la policía. Ella representaba el gobierno y el poder dinástico; él, la fuerza bruta y el poder militar. Ambos eran apasionados amantes, y ambos eran poderosos como una pareja de alfas que rigen la manada. Que levante la mano quién se imagine cómo va a acabar la historia…

Impuslado por su propia ambición y por los favores de la princesa, Almanzor se convirtió en visir de Córdoba, alcanzando de esta manera la cima de su maldad waltdisneyana. El camino hacia el trono de los Omeyas se despejaba ante él, empedrado por los cadáveres de muchos rivales y opositores. Lo único que se interponía entre su figura y el Califato era una persona… o mejor dicho, dos: la princesa vascona y su hijo y legítimo heredero, Hixam. Como buen malvado de manual, Almanzor los secuestró y encerró a madre e hijo en el alcázar, alrededor del cual excavó un profundo foso rodeado por cien guardias reales. Dicen las crónicas que Subh, incomunicada y enfurecida como una bestia enjaulada, le dedicaba los peores epítetos a su antiguo mayordomo y amante. Por su parte, Hixam se dedicaba a meterse el dedo en la nariz, o algo parecido. No era un tipo demasiado despierto Hixamcito: yo me lo imagino como una especie de Ralph Wiggum con turbante, siempre a la sombra de su despampanante madre. Pero es una opinión totalmente subjetiva y sin fundamento histórico.

Subh peleó como una gata panza arriba: forjó alianzas con el virrey de África, compró apoyos y casi consiguió robar el tesoro privado de los Omeya. Pero ya estaba sentenciada, y la rueda de la Historia es implacable en estos casos: la estrella de Almanzor subía, y la de Subh bajaba. La voz de la antaño Gran Señora fue desvaneciéndose por las paredes del alcázar custodiado, hasta desaparecer por completo en el fragor de la Reconquista.

Qué cojones tuviste, Aurora. Veinte pares, o quizás más.
Fuentes:
http://cordobapedia.wikanda.es/wiki/Subh
http://cordobapedia.wikanda.es/wiki/Almanzor
http://es.wikipedia.org/wiki/Subh
http://www.artehistoria.jcyl.es/historia/personajes/4847.htm

12/1/12

Los hobbits del Monte Gorbea




Frodo Bolsón era vasco, lo afirmo categóricamente. “Si claro, y Gandalf de Burgos”, pensarán algunos escépticos lectores... pero dejad que me explique, incrédulos, y que exponga mis argumentos. Hay que leer para creer.

Monte Gorbea, 11:00 a.m. Un amiga y yo, bien pertrechadas contra los rigores del mes de enero, echamos a andar por un sendero de montaña con la firme intención de hacer cima antes de que se nos trague la niebla. Las dos alegres menditzales vamos quemando etapas sin ninguna profesionalidad, parloteando de nuestras cosas y echando fotos como japonesas cuando nos parece divisar, no muy lejos, la inconfundible fachada de Bolsón Cerrado a través de las ramas de un viejo hayedo. 
Bolsonetxea

La puerta no es verde, ni luce la marca de Gandalf tallada en su superficie. Tampoco tiene pinta de ser un lugar cómodo, caliente ni confortable: a través de sus ventanucos puede distinguirse una oquedad goteante desde cuyas sombras te miran, con siniestra insistencia, un Cristo de ojos alucinados y una Virgen con cara de hambre. Hay flores marchitas, insectos muertos y domina por encima de todo el denso olor de la humedad. Para resumir: que si se te ocurre meter a un hobbit en este agujero, ya le puedes estar pagando el psicólogo lo que le quede de vida.

Pero a pesar de la niebla, de las estatuillas cristianas y de la inquietante presencia del hayedo (cuyos árboles retorcidos parecen cadáveres énticos), la arquitectura de la Comarca resulta inconfundible y no se esfuerza en disimular: como una pátina invisible, es capaz de envolver las aristas invernales del Gorbea, y recrear en ellas la atmósfera suave y delicada de las laderas de Hobbiton…


…así que vamos a pararnos un ratito aquí, si os parece bien, ante la ruinosa puerta de Bolsón Cerrado. Dejad las mochilas en el suelo y sacad vuestras pipas si las tenéis (los malditos menditzales no suelen fumar por aquello del rendimiento, pero a mi me gusta llevar encima una bolsita de tabaco aromático por si las moscas). La cosa es que estéis cómodos y que me escuchéis bien, porque os voy a contar un cuentecito vasco cuyos aires tolkianos, a partir de la mitad, son tan fuertes que es imposible pasarlos por alto. Un cuento que tiene tantos años que algunos lo llaman leyenda, y otros mitología. No me lo voy a inventar, aviso. Es una historia tan “cierta” como la de Deidre, Melusina o Pigmalión, sólo que en este caso nuestro héroe es tan desconocido que por no tener, no tiene ni nombre. Ésta es la historia de cómo un joven de Zegama (Guipúzcoa) logró, gracias al su ingenio y sangre fría, cargarse al monstruo malo de turno: el gigantesco Tártalo.

Tártalo era un cíclope, y como todos los cíclopes, medía más de cinco metros de altura, tenía un solo ojo en mitad de la frente y gastaba una mala ostia legendaria. Su dieta se basaba principalmente en seres humanos, que son muchos más fáciles de atrapar y mucho más blanditos que el resto de los animales: esa misma tarde había conseguido atrapar a dos ejemplares bien jugosos, una pareja de hermanos que vivían en el cercano baserri de Antimuño. Los tenía encerrados en una cueva, y en ese momento los miraba con gesto pensativo. Finalmente el gigante señaló al mayor y dijo:

- Tú, para hoy.

Y agarrándolo del pescuezo, lo ensartó en un espetón, lo puso al fuego y se lo comió delante de su hermano. Cuando terminó, Tártalo señaló al pequeño, y remató:

- Tú, para mañana.

Queriendo asegurarse de que la cena no se le escapara durante el descanso (cosa bastante frecuente), el cíclope colocó un anillo en el dedo del joven de Antimuño. Sus intenciones, como os podéis imaginar, no eran precisamente matrimoniales: se trataba de un anillo mágico que sabía hablar. Así, cada vez que Tártalo preguntaba:

-Non hago? (¿Dónde estás?)

El anillo contestaba:

-Hemen nago!  (¡Aquí estoy!)

Lo cual debía ser bastante estresante para el portador. De esta manera, ya con la presa bien controlada, el monstruo cerró su ojito con la intención de relajarse un rato y desconectar. Malísima idea, por supuesto. El joven de Antimuño, enloquecido por el dolor, agarró el espetón candente en el que todavía colgaban los restos de su hermano (tres hurras por la delicadeza de las leyendas vascas), y con toda la fuerza de su furia vengadora, se lo clavó a Tártalo en todo el ojo, dejándolo ciego al instante.

 
Ehem,ehem, ya sé lo que estáis pensando… ¿No se llamará Ulises el chico de Antimuño, no? ¿Y no tendrá, por casualidad, pinta de griego? Pues no, señores: en esta versión el protagonista es de Zegama, viste abarcas de pastor, y no ha puesto un pie fuera de los Pirineos en su vida. Hay que ver cómo es la cultura griega, una se la encuentra en todas partes… va dejando su huella por Europa igual Hansel y Gretel dejan miguitas por el bosque.

En fin, continúo.  Dentro de la cueva pasó lo que ya os imagináis: el monstruo se levantó dando alaridos, buscando con frenesí al pobre desgraciado con la intención de convertirlo inmediatamente en un tentempié nocturno pero claro, no veía un pijo. Es uno de los inconvenientes de tener un espetón clavado en el ojo hasta la empuñadura. Así que el cíclope se plantó ante la puerta de la cueva, decidido a que el chaval no saliera vivo de allí. 

Mientras tanto el pobre tipo se había escondido debajo de un montón de pieles de oveja, así que cuando el cíclope aulló "Non dago?", la voz del anillo delator sonó amortiguada por la cantidad de kilos de lana que tenía encima, Hemen nago!. Tan suave sonó, y tan lejana, que el monstruo creyó que venía del exterior. Enfurecido, dio un paso fuera de la cueva y durante unos segundos, dejó libre la salida. En menos de lo que canta un gallo, el joven de Antimuño ya se había deslizado por la ranura y corría a toda velocidad por las campas de Zegama, dejando tras de si una estela de humo como en los dibujos animados.

Mecagoendioxxxx...

Pero ahora viene lo mejor, señores. Tártalo, que no era muy astuto pero tampoco tonto del culo como su primo el de Grecia, se dio de cuenta de que la cena había escapado. Así que echó a correr por la campa detrás del fugitivo, siguiendo la voz del anillo que continuaba gritando "Hemen nago, hemen nago!" como un descosido. Aunque cegado por el espetón, cada zancada del gigante valía por siete del joven, y las distancias se acortaban mientras el pobre trataba desesperadamente de sacarse el *uto arito del dedo. Pero nada, que no había manera, parecía pegado con Loctite. La situación era desesperada: no podía correr más rápido que el monstruo, ni esconderse en ningún lado, ya que el anillo le delataría, ni sacárselo a la fuerza... Así que al chaval, ya con el aliento de Tártalo haciéndole cosquillas en el cogote, hizo lo único sensato que se le ocurrió (en esas circunstancias): se arrancó el dedo de cuajo, rrrrraska. Con dos cojones y un palito. Acto seguido, corrió hacia una profunda sima y sin pensárselo dos veces, arrojó su dedo cercenado al abismo con joyería incluida. Justo a tiempo: Tártalo preguntó por última vez "Non hago?”, el anillo contestó “Hemen nagooooo…” mientras hacía caída libre, el imbécil del cíclope siguió la voz yyyy... *catacrocker* cayó por la sima, metiéndose tal ostiaza que, no os sorprenderá que os diga, murió en el acto.

Y fue gracias a la astucia un humilde chaval del baserri de Antimuño que los habitantes de Zegama pudieron volver a vivir en paz, sin la amenaza del Tártalo que asolaba la comarca. La astucia de un chaval muy valiente que se quedó sin dedo por lanzar un anillo mágico a las profundas simas del monte de Zegama, destruyendo con él a la criatura maligna de un solo ojo.

Quien te mandaba, Patxi

Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado. Otro día, más.

  • NOTAS
- Como en la mayoría de mitos vascos, esta historia ha sufrido cantidad de variantes. No hay que olvidar que las leyendas son algo vivo, casi orgánico, y se propagan como plantas trepadoras alrededor de un tronco común: en algunas versiones la cueva está en Muski, en otras en Goerin,  la mayoría la ubican en Zegama. A veces aparece el anillo, y a veces no.  Algunas sostienen que no se trataba de una sima, sino de un río, y que el Tártaro se ahogó. Hay gente que afirma que el chaval no se arrancó el dedo, sino que se arrojó él enterito. A veces decide esconderse bajo un montón de pieles de oveja, y a veces se escapa igual que Ulises, a cuatro patas bajo una de ellas. El bicho puede llamarse Tártalo, pero también Torto, o incluso Alabari. Étc, étc, étc…
- Todos los sitios que menciono en este post son reales y se pueden visitar: Gorbea es el corazón montañoso de Euskadi, Bolsón Cerrado se llama en realidad la Ermita de Nuestra Señora de las Nieves, y la cueva del Tártalo es un antiquísimo dolmen llamado Tartaloetxe (literalmente, "Lugar de la casa de Tártalo") , que se levanta en lo alto del monte Sadaar, en Zegama... Fijáos si tenéis excursiones por hacer. 

  • BIBLIOGRAFÍA
- Barandiaran, J. M. "Mitología vasca" Ed. Txertoa. Donosti, 1996.
- Alzate, R.; Aritza, B.; Del Río, R. "Mitologika" Ed. Astiberri. Bilbao, 2001.
- Martínez de Lezea, T. "Leyendas de Euskal Herria" Ed. Erein. Donosti 2002
  • ENLACES
-http://es.wikipedia.org/wiki/Gigante_%28mitolog%C3%ADa%29
-http://tximas1984.wordpress.com/2009/03/29/mitologia-vasca-tartalo/
-http://www.ataunturismoa.net/ca/mitologia-ataunen/03-tartalo.php
-http://es.wikipedia.org/wiki/Polifemo