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Algo pasa con Pandora II: Fe de erratas

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Llevo un par de tardes a vueltas con Pandora (sí, soy como un pitbull, cuando agarro un tema no lo suelto hasta que lo entiendo). He mirado en el Google. He mirado en la Wikipedia. He mirado en portales serios de mitología clásica y en páginas de esas que tienen fondos florales y gifs animados, de las que suelen llamarse “El Castillo Mágico de Amparo” o “Chakras para todos”. He mirado en foros y en un surtido de blogs variados. He mirado en todas partes… menos donde tenía que mirar: en el libro de Hesíodo, “Los Trabajos y los Días” (sg. VIII a.C, se dice pronto), donde apareció por primera vez el mito de Pandora. Si es que parezco tonta. Me he bajado “Los Trabajos y los Días” , y aaamigo mío, AHORA lo tengo más claro. Como me temía, es una historia terrible y deprimente, en la buena y vieja tradición mediterránea. Amparo y la tía de los chakras viven totalmente engañadas: cualquier parecido entre la historia original y lo que te encuentras en Internet es pura coincidencia. Aquí va...

Algo pasa con Pandora

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Seguro que si pregunto ¿Alguien conoce el mito de Pandora?, todos levantáis la mano (alguno gritará: ¡Es donde viven los Na’vis!, pero confío en serán los menos). Pandora fue la primera mujer que pisó la Tierra, creada con lo mejorcito y lo peorcito que los dioses quisieron darle: Hefestos le moldeó un cuerpo de infarto, Atenea le dio inteligencia y maña, Afrodita la convirtió en una bomba sexual , y para cerrar con broche de oro, Hermes, dios de la Mentira, le otorgó el don de ser una zorra falsa y manipuladora, mil veces más astuta que el tonto’l orto de su marido Epimeteo, el Homer Simpson de la mitología griega. No podemos negarlo, Pandora MOLA. El final de la historia también lo conocemos: los dioses, que tienen un humor de colmillo retorcido, le regalan a esta señorita dos últimos presentes: el primero, una mente curiosa e inquisitiva (made in Atenea, seguramente) Y el segundo: una cajita misteriosa. Muy misteriosa. “¿Y que contiene?” pregunta ella, “Naaada. Pero...

El Pelocho

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--> En la jardinera de mi habitación acaba de crecer una inquietante planta prehistórica, hasta ahora desconocida por la ciencia: se trata de un proto-ficus deprimente, con las hojas mustias plegadas alrededor del tronco como un paraguas viejo. La bella estampa culmina con un matojo de pelochos blanquecinos que se mecen alegremente al compás del viento. Si lo viera Lovecraft seguro que le dedicaría una serie entera de sus Ciclos. No sé lo que me han vendido, pero esto no es un hibiscus, lo mires por donde lo mires. En defensa del personal de “Fronda”, he de decir que después del holocausto vegetal del 2007 (un verano que nos fuimos todos y se quedaron mis pobres plantitas mas secas que la mojama), mi jardinera no ha vuelto a ser la misma, y eso que eran ejemplares robustos que habían sobrevivido a:   -Los amorosos cuidados de mi Tía Pili ( arrancando la hiedra con sus manos desnudas porque decía que me quitaban luz.)   -Las eficaces atenciones de mi hermana Pau...

La sangre y el bronce

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Nota : este texto fue en su día una pseudo-crítica cinematográfica que nos mandaron hacer durante un insufrible master de periodismo.Le cogí cariño al ejercicio, porque básicamente pude escribir lo que me salió de los mismísimos, lo cual es de agradecer después de pasarte semanas cortando y pegando teletipos con imaginación y buen gusto. Era la época en la que 300 estaba en la cresta de la ola, y yo soñaba todas las noches con espartanos musculados, rudos y filogays. Fue una gran época.   --> “300  de Frank Miller” narra , con mucha libertad,  la Batalla de las Termópilas, que en el año 480 a.C enfrentó a griegos y persas, las dos grandes potencias del mundo antiguo. Pero no pretende ser, ni mucho menos, una película histórica, y no hace falta ser un erudito para darse cuenta. El enfrentamiento maniqueo entre los griegos -que son tan buenos- y los persas – que son tan malos- es puramente estético, grandilocuente y sin pretensiones; sin embargo puede dar lu...

Un tío bueno de los de antes

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"El general Desaix" Andrea Appiani, 1800. Hoy me he pasado la tarde husmeando tranquilamente entre las páginas de un libro de pintura decimonónica. La edición molaba y las fotos ocupaban toda la cara, motivo más que suficiente para tenerme entretenida unas cuantas horas. Mis ojos pasaban distraídos por la sección de retratos (un desfile de finos caballeros marcando paquete y sable), cuando de repente me ha saltado a la cara, sin previo aviso, el retrato del tío mas bueno que he visto en mucho tiempo. Me he quedado del revés. El general Desaix, pone en el pie de foto. Louis-Charles- Antonie Desaix, para servirla a usted. Y no sólo está bueno que revienta, con ese perfil griego que me tiene loca, sino que además fue uno de los generales más brillantes del ejército napoleónico, admirado tanto entre los franceses como entre los egipcios, de los que era gobernador (los morunos le llamaban Fellahen , el Buen Sultán. Así salen de contentos en el cuadro) Pero es que aparte de ...

Trucos para escapar de una pesadilla

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Os voy a dar un consejo de gratis: nunca os quedéis dormidos leyendo a Algernon Blackwood . No es sano. El maldito loco se te mete debajo de la piel y se cuela por todas las rendijas de tu cabeza hasta aterrizar en tus sueños. Recuerdo una noche de otoño en la que cometí la imprudencia de adormilarme mientras leía una de sus más célebres historias, "El Wendigo". La última frase que pude procesar antes de que los ojos se me cerraran como persianitas fue la siguiente : "Algunas pesadillas se presentan con terrible apariencia de realidad, pero a veces basta la inconsistencia de un simple, pequeño detalle para poner de manifiesto la incoherencia y falsedad de todo. En las profundidades de una mente dormida, algo permanece despierto, preparado para emitir su juicio: Todo esto no es real; cuando despiertes lo comprenderás” . No voy a ponerme a contar mi sueño, porque como todos sabemos los sueños tienen una curiosa cualidad: son fascinantes para el soñador y una auténtic...

De cómo ganar algo de dinero con el Arte

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-->   Hoy ha sido mi primer día como profesora de arte: treinta y cinco señoras mirándome con educado interés mientras yo peroraba sobre lo absolutamente increíble que es el Trecento italiano. Las diapositivas no se veían tan bien como quería y una señora medio momificada se ha quedado dormida en la fila de atrás, pero quitando eso, todo en orden. Estoy además orgullosa de anunciar que sólo he perdido de hilo una vez, cuando el móvil de lo que parecía ser una respetable abuelita ha empezado a tronar la sala con la música de Dj Pitbull (“rumba…ella quiere su rumba…”). Ha sido bastante desconcertante, pero la abuela no parecía avergonzada. Así que yo tampoco.  En fin, ha resultado una forma honrada de ganar algunos euros.